jueves, 29 de junio de 2017

Cap 1


La trampa era simple. Las correas le permitirían subir hasta arriba del árbol; cuando Kyle soltara el peso de las vacas atrapadas en la jaula pequeña;  que sostenían una jaula mas grande, que ( esperaban) caería en el hombre lobo.

El hombre lobo.El nuevo.Los ataques comenzaron hace tres días.No mató a nadie, aun.
El príncipe de los gitanos se aseguró por decimoquinta vez que la trampa fuera segura.Ya paso una hora.Todo el grupo estaba escondido entre los árboles o en los enormes matorrales.
-              Vamos- masculló en voz baja, mientras ajustaba las correas que lo tenían sujeto.
-              Drácula te soltó para algo –
Y, como si de una invitación se tratara, el hombre lobo corrió hacía él.Salió casi de la nada y al segundo Kyle y Tom soltaron la jaula sobre el licántropo  y lo rodearon, mientras  trepaba a la rama del árbol Velkan apuntaba al esbirro obligado de Drácula con una pistola con Balas de plata.
Pero, entonces, la criatura  comenzó a escavar el suelo. El joven le disparó al instante, pero fue inútil: ya se había ido incluso antes de que el sonido del disparo retumbara. Y ahora estaba bajo tierra, esperando atacarlos.
Velkan miro a Anna. Ella  sacó su espada y los otros las únicas armas que de seguro no servirían.
Quedaban pocos disparos mierda, pensó el príncipe de los gitanos.
Anna miraba la tierra, sabiendo que en cualquier momento, la criatura atacaría.
Y, en efecto, saltó sobre ella en una milésima de segundo.
La joven lo estocó, pero eso no lo hirió, simplemente lo enfureció más. Gruñó aullando. Pero ella aprovecho el momento y comenzó a correr  a toda velocidad hacia el bosque hacía la espesura del bosque. Prepararon otra trampa allí… sólo esperaba poder llegar a tiempo.[j1] 

Los arbustos dificultaban el pasó, pero mientras corriera y se mantuviera alerta, todo iría…. A quien engañaba, podría pasar cualquier cosa.

Su hermano, mientras tanto ordeno que rodearan el camino y que fueran a la segunda trampa.

“No pierdas la sangre fría.Calmate.Ella estará bien”

Decirselo a si misma era mas fácil que creérselo.
“Mierda, mierda,mierda.Ponte a pensar…¡ el camino que conduce al acantilado tiene un atajo!”

pero era tarde, los otros se fueron. Al carajo lo que podría pasar.
Corrió entre los árboles, sin importarle que las ramas le sacaran sangre, ni las espinas, y llego hasta la trampa. Ni rastros del licántropo, ni de su hermana, ni de los voluntarios a ayudarlos en la cazeria. ¿Y si algo salió mal?Contuvo el aire y esas teorías.Anna era nueva en eso.Un año apenas.Pero logro cazar cuatro hombres lobos y matarlos.Entonces, escucho un grito de dolor, que provenía del acantilado.
“Anna”y toda su sangre fría se fue a la mierda.



“Maldita sea” se dijo la joven que ahora tenía en la piel un buen arañazo del maldito perro en el brazo.Por fortuna, no la mordió. Sin embargo, la tenía acorralada en el risco. Estaba a escasos metros de ella y aunque Anna trato de buscar una forma de escapar, de sobrevivir para seguir luchando, la criatura saltó. Ella cerró los ojos, solo para ser empujada. Abrió los ojos, y lo único que pudo ver luego fue a Velkan disparándole al hombre lobo, no sin antes caer  con el del risco.

Se incorporó y fue a  ver. Si su hermano cayó al río sin que ninguna piedra lo golpeara, entonces podría nadar y encontrar la orilla.
Los hombres llegaron y ella solo dio la orden.

-              Registren el río y sus alrededores. Ahora- su voz estaba quebrada, pero firme. Tenía que ser fuerte. Debía ser fuerte aunque quisiera largarse a llorar.



Didyme  recogía leña. Quería disfrutar un poco el Sol. Estaba en Transilvania, después de casi diez años en Inglaterra. Recién estrenaba su nueva casa, una que Vlad mando a construir con duendes. Bueno, la casa no estaba mal en sí, pero tenía un aspecto lúgubre. Trato de alegrar un poco el interior, tal como lo hacía su madre cuando ella era pequeña. Adornos y pequeñas estatuillas de sus viajes. Su hermano insistió que era un regalo, aunque ella insistió pagar. Dentro de poco, Nathaniel vendría a vivir allí, así que era un regalo para ambos.
Se preguntó en que Universidad Vlad habría metido a su hermano menor esta vez. En cualquiera menos Arte, se dijo. Nat tenía fascinación por aprender arte. Opinaba que el arte era mejor que los libros en muchos sentidos. Que tenían miles de interpretaciones y que su belleza duraría por siempre en la mente de la Humanidad. Didy discernía en eso. No era que no respetara la pasión de su hermano, es más, ella adoraba el Arte. Pero la pintura era solo una de las pocas formas del Arte. Estaba la escultura, el teatro y la literatura. Ella prefería esa última. Es decir, ¿que sería del mundo sin libros?
Vlad tenía un serio problema de controlar la vida de sus hermanos, por la sola razón de que él era el mayor de los Dragullia. Siempre usaba ese argumento. Nunca diría que los protegió mientras su vida misma siempre estaba en peligro, o que los salvo de una muerte segura. Vlad jamás haría alarde de ello. Por qué no lo hizo como deber a sus padres. Lo hizo por ellos. El que era el hermano mayor era una razón perfecta. Seguía usándose  hasta ahora a pesar de 400 años.
Se encogió de hombros. Vlad nunca los había golpeado o puesto una mano encima, pero muchas veces la hizo llorar con sus torturas psicológicas. A Nat también. Ya de niño  sino hacia lo que Vlad pedía, una sola mirada o una sola palabra bastaban para que el llorara.Quizas ayudo el hecho de que sus padres estaban muy viejos para educar a un niño mas y Vlad creyo que era su responsabilidad.
Suspiró. ¿Acaso su hermano era bipolar o qué?
Sin embargo, los amaba. Incluso a Roxy, a pesar de que ella nunca hiciera lo que se le pedía. Roxy era impetuosa y su conversión solo puso peor las cosas. Sin embargo, ella junto con Vlad manejaba a la perfección la fortuna familiar. Roxy era la única en la familia a la que Vlad jamás hizo llorar, no a menos que lo hiciera cuando estaba sola.

La morena sentía el Sol, más no el calor. Invierno, la mejor época para un vampiro. Claro que ella, Roxy y Nat eran privilegiados. Vlad los creo con sus mismos poderes. Eso incluía salir a la luz solar.
Avanzó un poco más. Quizás podría ir al río Danuvio. Darse un chapuzón y recordar sus viejos tiempos como humana, tiempos en que las situaciones eran difíciles, pero al menos tenía esperanzas, sueños.

Al llegar, se sorprendió al ver dos cuerpos. Quizás se habían ahogado…o quizás no. Soltó el atado de leña y fue hacia ellos.
El primero, un hombre de unos cuarenta años, tenía heridas en todo el cuerpo, el pecho descubierto y con una herida de bala. El otro, un muchacho joven, a su lado. Uno estaba muerto. El otro no. Y olía a hombre lobo.

¿Que debía hacer? Ella fácilmente podría curarlo de la licantropía, después de todo, en esos 400 años aprendió tanto de magia oscura… No, no. ¿Y si Vlad se enteraba? Didyme sabía que él usaba hombres lobo para atacar a los Valerius, incluso una vez le dijo “entre más, mejor”. Si se enteraba que lo curo… Pero, no. No iba a ser así. Lo curaría, lo devolvería a su hogar con la memoria borrada y fin de la historia.

Se acercó al joven y noto que le recordaba a alguien. A alguien a quien ya había salvado. No podría jurarlo, pero creía reconocer esa nariz respingada y la piel clara.
Se arrodillo y, controlo su pulso, como si aún fuera pequeño. El chico escogió ese momento para despertar. Abrió sus ojos marrón chocolate y miro aturdido a todos lados.
-              Soy Didyme. ¿Tu nombre....?-
-              Velkan Valerius – el hablo con dificultad,pero agradecia el hecho de no ahogarse en el rio.

¡Oh, mierda, si lo curaba Vlad la mataba! Pero, por otro lado, ya lo salvo una vez, a los cuatro años, en el bosque. Se preguntó, por un segundo, si el la reconocería. Era algo ridículo, por aquella época apenas pudo decir su nombre completo.
-              Bueno, Velkan. Te ayudare a levantarte. Mi casa está cerca y allí te curare-
-              ¡NO!- grito él, mientras se restregaba el hombro derecho.

Velkan sabía en qué se convirtió. Estaba acabado. Aun cuando podría pelear contra las novias del Conde, de noche sería un arma más para el maldito vampiro. Eso sin contar que el pueblo no lo dejaría vivir.

-              ¡Tranquilízate!- protesto la mujer de cabello negro, con unos ojos que se le hacían familiares.
-              ¡No sabe en lo que me he convertido!-grito, tratando de ponerse en pie y alejarse.¿Donde?Se decidiría despues.
-              ¡Casi te ahogas y ahórrate la información, porque yo ya lo sé y puedo curarte!- la chica alzo un poco la voz.

Velkan, que ya se había levantado del fango la observo con sorpresa.
-              No te…-
-              ¿Crees que a mí me importa si me crees o no? Que otra opción tienes. Ven...-
-              ¿Eres una bruja? – pregunto él, mientras la estudiaba con la mirada.
-              Sí y no. Te vienes a las buenas o te vienes a las malas- insistió Didy. Curarlo, borrarle la memoria y fin de la historia.
El príncipe retrocedió unos pasos.
-              ¿Eres aliada de Drácula? ¿Planeas llevarme con él?- inquirió, mientras se preparaba para correr.
-              Tú lo elegiste, Velkan, será por las malas- decidió ella, harta ya. Se acercó hasta él y le pego un puñetazo en la cara, dejándolo inconsciente.
-              ¿Lo ves? – bufó.
-              Levicorpos – murmuro, mientras el cuerpo de Velkan levitaba en el aire.

Apenas llego con él a la  casa, se puso a rememorar cuando Velkan era pequeño y estaba tan asustado que no podía hablar.

Lo dejo en uno de los sillones, mientras iba a la alacena de la cocina, que era donde estaban todas sus opciones.
Poción multijugos, no. Veriserasun, tampoco. La poción anti lobos….

Velkan entreabrió los ojos, deseando que todo lo que le paso en las últimas dos horas fuera una pesadilla. No lo era. Sintió la mordida del hombre lobo .Escocía. Trato de incorporarse, sin hacerse daño, aun se sentía tan débil… luego recordó a la joven de pelo negro.

Su último recuerdo fue de ella. Pero no era la primera vez que la veía.


Velkan tenía cuatro años. Sus padres otra vez peleaban. El pequeño se tapó los oídos con las manos para no seguir escuchando.
“No más. No más” se repetía. Pero las protestas se convirtieron en gritos. Y él sólo quería que eso cesara. Una salida al bosque se convirtió en una situación que ningún niño quería vivir. E hizo lo único que creyó lógico. Corrió por el bosque, para alejarse de esos gritos, sin saber nada de como volver. Pero, ¿que importaba de todos modos? Su madre decía a su padre que ya no quería más hijos. ¿Qué significaba?

Corrió y  corrió, hasta hallarse solo. En la nochero, nodo, no. De noche era peligroso. Y mucho. Novias de Drácula, chupasangres que mataban. Eso decía su padre. Y Velkan le creía. Después de todo, su padre jamás estaba en la Mansión. Y, cuando volvía, siempre lo hacía herido o con un cadáver.

Miro hacia arriba. Los gigantescos arboles tapaban casi todo el cielo nocturno. Y su padre le explico que los vampiros podían volar. De pronto, tres figuras aladas revolotearon cerca de allí.

“Oh, no, no” se recostó frente a un gran tronco a esperar lo que viniera. Estaba tan asustado.

-              ¿Estás perdido?- una voz a sus espaldas, hizo que el niño se sobresaltara y casi gritara. Pero, en menos de un segundo, tenía a una joven muy pálida y muy bonita tapándole la boca con la mano.
-              ¡Shh! Estas muy frio. ¿Tienes frio, peque?- su voz ahora era dulce, lo cual le infundio tranquilidad.
Él asintió con la cabeza y la mujer de pelo oscuro lo tomo en brazos. A continuación, lo envolvió con su manto y olfateo su cabello, pasando una mano por su cabeza. El poco tacto que tuvo con ella, hizo descubrir a Velkan que la joven estaba fría. Muy fría.

-              ¿Cómo te llamas?- le pregunto, mientras caminaba de retorno al hogar del príncipe.
-              Velkan Valerius. ¿Y usted?-

Ella lo miro a los ojos, ya lo que los suyos estaban totalmente concentrados en el cielo.

-              Didy- y lo miro y le sonrió, era una sonrisa extraña, pensó Velkan. Hermosa y triste. Y sus ojos eran muy bonitos. Eran azules, del azul más imposible que un niño de cuatro años se pudiera imaginar.
-              ¿Segura que no es Blanca nieves?- pregunto el, mientras le echaba las manos al cuello y comprobó que sí, que a pesar de todo su abrigo, ella parecía de nieve. ¡Quizás era Blanca nieves!
-              Muy segura, Velkan. ¿Qué hacías tú aquí solito?
-              Mis padres discutían a los gritos y quise estar solito-respondió con tristeza.
-              Oh…-Didy  no sabía cómo responder.
-              Sabes que este bosque es peligroso, incluso de día  no vuelvas solo nunca más- advirtió, queriendo cambiar de tema.
-              Usted está sola aquí- respondió Velkan.
-              Yo solo estoy de visita- aclaro la morena. Caminaban despacio.
-              ¿Entonces usted no vive aquí?- se quejó Velkan, desilusionado de no poder ver a “Blanca nieves” otra vez.
-              No- respondió ella, mientras seguía con él en los brazos. Y, pese a que Didy estaba fría como los copos de la nieve, a Velkan no le importo. Estar en sus brazos le infundía una sensación de paz.
-              ¿Y volverá alguna vez?- pregunto él. Ya se veía la Mansión a la distancia.
-              No lo sé – respondió, mientras le acareaba el pelo con cariño.

Cuando ya estaban a solo unos diez metros, la joven puso al niño con total delicadeza en el suelo.
-              Lo lamento, pero hasta aquí te puedo acompañar. Te vigilare hasta que entres a tu casa. ¿Eh?- pregunto, mientras enfocaba la vista. Pero Velkan no sabía cómo Didy veía en la oscuridad. En realidad, camino con él en los brazos a oscuras por quince minutos, quizás más.

Apenas estuvo en el pasto, Velkan el la abrazó.
-              Gracias, Didy. Prometo jamás olvidarla y la voy a visitar si usted vuelve aquí-
-              De nada, peque. Yo tampoco te voy a olvidar. Y te dejare unos consejos de alguien que ya vivió mucho. No todo es blanco y negro. No todas las personas son totalmente buenas o malas. ¿Comprendes?-

Velkan asintió sin dejar de mirarla a los ojos.
-              Y la más importante que aprendí en mi vida. Sigue tu propio camino, no el que los otros te marcan-
-              Si-

Didy le dio un beso en la frente y lo miro a los ojos.

Lo siguiente que el ahora joven recordaba era… nada. Una laguna vacía en su mente.

La joven que lo rescato de niño era la misma que ahora decía que podía curarlo. Y no envejeció  ni un solo año.
Era una vampiresa. Eso explicaba su juventud, su palidez, su piel fría y su fuerza sobrehumana.

En ese momento, Didyme entro con una botella pequeña en sus pálidas y perfectas manos.
-              Velkan, tomate esto. Mañana por la mañana, tu condición de hombre lobo no volverá más- se lo ofreció.
-              No. Sé lo que eres, Didyme-

Ella pareció sorprendida unos segundos, al tiempo que el se incorporaba del sillón.
-              ¿Así que lo recordaste, no? Nuestra conversación cuando tu tenías cuatro años y los consejos que tú me prometiste hacerles caso. Para que doy consejos que nadie escucha-protesto para sí.
-              Tú me borraste la memoria- señalo el retrocediendo.
-              La mente nunca olvida. Y yo solo te deje esos consejos para que tú vivieras más. Las otras partes, las encerré en tu mente. Para cuando tu subconsciente creyera que fuera tiempo de recordar-

Él tenía que reconocer que esos dos simples consejos que ella le dio de pequeño siempre estuvieron en su mente. Solo que él nunca les dio importancia.
-              Sólo tomate la poción. Confía en mí. Una vez lo hiciste – pidió otra vez, con voz suave.
-              Yo tenía 4 años. Era un niño. Han pasado 24 años desde eso. ¿Porque debería confiar en ti?
-              Porque esta opción es tu única opción. Piénsalo un momento. De haber querido, te hubiera matado hace veinte años. Pero no quiero. La guerra entre tu familia y Drácula no me interesa…- “al menos, no desde algunos siglos” pensó para sí.
Velkan la miro a los ojos. Seguían igual. Igual de hermosos y tristes.
No supo si fue por que internamente sabía que ella tenía razón o por sus ojos, el caso es que tomó de su mano la poción, rozándola con la suya. Se sorprendió otra vez por lo frio de su tacto.

Abrió el frasquito y bebió su contenido  en un par de sorbos.

Entonces sintió como si un millar de agujas de hielo se clavaran en cada parte de su cuerpo. Lanzo un grito agudo de dolor y se tiró al piso.
-              Tranquilo- la voz de Didyme sonaba ¿preocupada? Tomó su mano entre las suyas.
-              Esto… es… una mierda…-
-              Es lo natural. Es tu cuerpo humano el que rechaza al lobo. No te preocupes, esta poción te ayudara a ganarle. Sólo recuerda lo que te dije a tus cuatro años... Sigue tu propio camino…
-              Y no lo que los otros te marcan- dijo Velkan a duras penas.
-              Muy bien – ella sonrío, la misma sonrisa que le dedico a los cuatro años.
Y el dolor pasó. Lo primero que hizo el príncipe fue verse el hombro derecho. Sin marcas de mordida o de hematomas o siquiera un moretón.

Y lo segundo que hizo, fue abrazar a la vampiresa. Y lo tercero, separarse de ella sonrojado.
-              Lo siento. Yo… gracias- agradeció.

Didyme estaba sin palabras. Una cosa era ser abrazada por Velkan cuando él tenía cuatro años y era una ternurita. Otra, muy distinta, era ser abrazada por su yo actual de veinticuatro años más.
-              De nada. Y ya… ya deberías irte. Yo te acompañare hasta tu hogar. Es casi medianoche.
-              Anna debe estar preocupada- comento Velkan, mientras la vampiresa abría la puerta para salir. Traba de concentrarse en eso y no en que estaba caminando por el bosque con una vampira.Le era difícil, no, le era horrible pensar que su heroína de la infancia fuera eso.

No penso siquiera en darse vuelta y registrar la fachada de la casa para reconocerla y volver luego con una horda iracunda, picos y antorchas.

-              ¿Tú me cuidaste de las Novias de Drácula? ¿Porque?- pregunto Velkan, mientras caminaban. Poco a poco, la noche se tornaba más oscura. Ya casi no veía nada.

-              Lumus- susurro ella y un camino de luces brillantes se abrió ante ellos, iluminándoles el camino.

-              ¿Cómo hiciste eso?- inquirió Velkan, atónito.

-              Soy una bruja. Nací así. Y, cuando me convertí, esos poderes se intensificaron. Y tu primera pregunta, si ellas te hubieran matado, atentarían contra las reglas de nuestra gente. No debemos matar niños, menos convertirlos-

-              No sabía que los vampiros tenían reglas-

-              La mitad de nosotros (yo, incluida) vivimos bajo esas reglas y sobrevivimos cientos de años. La primera regla es jamás hacer notar nuestra verdadera condición a los humanos. Pero hay excepciones
-              ¿Y la de los niños…?

-              Es la segunda. Hagamos un juego. Adivina cuantos años tengo, cronológicamente, claro-

-              ¿100?- se arriesgó Velkan.

-              Ni de cerca. Más de 400 años. Esa es la razón por la que ningún humano puede ser convertido de niño. Su cerebro madurara, su intelecto se incrementara…pero siempre tendrá esa apariencia infantil. ¿Te imaginas tener la mente de un adulto en el cuerpo de un niño? Es la peor forma de pasar la eternidad- soltó, en un pesado suspiro. Sus pasos eran firmes y controlados, debía ser asi .O mas bien, se acostumbro a ser asi. Meterse en la política vampirica era cosa de tener a todos los imortales de dos modos: temiendote o respetándote. Ella escogia los dos. Debía de ser temida ,pero digna de respeto.

-              ¿Te arrepientes?- inquirió él, curioso.

Eso hizo que Didy desviara su mirada del camino y se centraran en la suya.

-              ¿De qué?- estaba pidiendo una especificación, obvio.

-              De convertirte-

-              No. Yo no lo decidí .Alguien lo eligió por mí- respondio, aliviada de no tocar el tema de porque hizo lo que hizo.El tema de salvarlo.



-              ¿Un vampiro se interesó en ti?-
-              Era mi hermano. Él me amaba tanto, a  mí y a nuestros hermanos, que fue incapaz de dejarnos ir. Nos hirieron de muerte y él nos salvó. Fin de la historia – dijo, en un tono que no admitía más preguntas.

Velkan  asintió con la cabeza.De haber sido un niño, estaría saltando al lado de ella, con intenciones de atrapar las luces flotantes y parloteando de si era común que todas las brujas fueran morenas y porque ella no tenia un gato.Pero ya casi no recordaba nada de su infancia temprana, solo el niño curioso y alegre que no cesaba de inventar juegos solo para no caer de aburrimento.

Fueron treinta minutos muy incomodos.Las luces que se creaban al pasar ellos desaparecían y le sucedían nuevas, cada una como un pequeño grupo de luciérnagas.





Al fin llegaron. La Mansión Valerius.Verla le traía recuerdos.Y, a excepción de Velkan en sus brazos de niño, su abrazo y su promesa, ninguno era bueno.
-              Hasta aquí llego- aviso ella.
-              Otra vez...Didyme podría…- comenzó a preguntar el joven, mientras se ponía nervioso.
-              ¿Podría ir a visitarte? No le diré a nadie de lo que eres. Lo prometo-

Didyme sacudió la cabeza. Otra vez le prometía algo que el mismo no sabía si iba a cumplir.
-              No, no  puedes. Pero yo si podre venir a verte- sugirió.
-              ¿Vas a borrarme la memoria de nuevo?-
-              No. Ya sabes ahora que no puedes contarle a la gente que conociste a Blanca Nieves en el bosque- ella rio con suavidad. Didyme no sabía el porqué de su decisión de seguir viéndolo.


Anna estaba llorando. Todo el día, toda la noche y ni rastros de su hermano. Lo registro todo. Los bosques, el pueblo, el río. Nada.La obligaron a volver hace cinco minutos ; la joven se metio en el rio y sin siquiera saber como , nado contra la corriente.

Solo volvió para buscar antorchas y dos mantas, por si acaso Velk tenia frio.Pero cerraron sus puertas y la tenían como una

La puerta se abrió. Y Velkan apareció. Vivo. Lo siguiente sucedió en cámara lenta. Los hermanos se abrazaron.
-              Prométeme que jamás volverás a poner mi vida por encima de la tuya – trato de hacerlo jurar.
Estaba llorando.Llorar era la única reacción de dolor que Anna jamás realizo. Velkan recordaba verla llorar de bebe y de niña. De joven, nunca. Pero, sin embargo, esa  promesa no pensaba aceptarla. Menos cumplirla.
-              No lo siento, pero no puedo-
Anna era lo único que le quedaba. Era mejor que ella llorara su muerte que el la suya.


- Eres un tonto- trataba de controlarse, de explicarle que ese día tuvo suerte, nada más. Que la única razón por la que ella estaba viva es porque él le enseño a defenderse. Que él le daba fuerzas.

Anna sabía que sin Velkan, todo su mundo y ella misma se derribarían.
-          ¿Cómo escapaste? Registre con los hombres todo el rio, sus cercanías…- ni loca pensaba decirle que nado durante una hora y que estaría de suerte si no pescaba un resfriado.
Un susto como aquel y una reprimenda no era su plan de terminar otro dia.
-          Fue un milagro. Después de caer me quede inconsciente. Llegue a la orilla aun desmayado. Recobre la conciencia y trate de volver. Pero era un sitio fuera de aquí. Me tardo una hora. Pero volví. Tuve que correr, o tratar de correr. Tranquila. Todo ira…
-          Velkan, ya no soy una niña. No puedes prometerte que todo irá bien.
-          Tratare. Trataremos. Es lo importante.

Velkan solo asintió.

-              Señores…- uno de los sirvientes al llegar con la cena, anuncio.
-              Su tío está por llegar. Faltan dos días. Y según la carta que les envió quiere hablar del futuro de su familia.

Su tío Frederick Valerius era el único hermano de su fallecido padre, Boris. Y la única razón por la que Drácula no lo persiguió hasta Hungría fue que era un débil. Nunca demostró aptitudes para defenderse solo. Y nunca tuvo hijos para continuar la familia.

Velkan fue a su habitación, contigua a la de Anna. Se durmió al instante.

Despertó, sacudido suavemente por su madre.
-              Velkan, escucha. En ocho meses tú y yo huiremos de aquí. No voy a permitir que tú y tu hermano mueran en esta guerra.
-              ¿Qué, madre?- pregunto el niño, sin entender.
-              Tu padre me mintió desde que pidió mi mano. Nunca me dijo nada de la guerra contra el Conde Drácula. Solo cuando tú naciste, me lo dijo. Velk, tenemos que huir. Iremos con mi familia. Allí serás tan feliz, cariño .El Sol sale todos los días y podrás jugar y llevar una vida normal. Yo no quiero que seas un peón en esta guerra. En cuanto nazca tu hermano, nos iremos. Yo no podría soportar verte morir….-
-              Está bien, madre- respondió Velkan.
-              Madre…
-              Si-
-              Hoy vi a Blanca nieves. Es muy, muy bonita…-


La vista del sueño se nublo y el despertó. No recordaba a su madre diciendo eso. Sabía que sus padres tenían peleas, pero dejar a su esposo era otra cosa. Pero su madre nunca pudo hacer realidad su plan. Murió en el parto de Anna.

Sacudió la cabeza. Las palabras de su madre, que su padre nunca le dijo nadan de la maldición familiar. Dar a luz a un hijo para que fuera asesinado tarde o temprano. O dar a luz a otro, que sirviera para ese juego como peón, después de la muerte de su predecesor.

Velkan nunca pensó en casarse. Para nada. A pesar de que su padre, en sus últimos días, insistía en que debía hacerlo para dar herederos a la Casa Valerius. A pesar de que cada niño o niña que nacía con esa sangre, terminaba muerto.

Apoyo su cabeza contra la almohada, deseando volver a dormirse pronto. Y sin pesadillas.


 Didyme durmió, sin ninguna horrible pesadilla de por medio. Y así la encontró el vampiro, durmiéndola sacudió con algo de brusquedad y dijo
-              ¡Buenos días, Didy!-


Y Didyme en cuestión dio un grito y termino en el piso de madera de su habitación.
-              ¡NATALIEL DRAGULLIA!- grito, mientras se incorporaba. Su hermano, de una eterna apariencia de un adolescente de diecinueve años , se tapó la cara con las manos. Los rasgos de Nat eran suaves y delicados, casi femeninos. Como todo miembro de la familia ( a excepción de Roxy) sus ojos eran azules y su pelo negro ébano.
-              Pensé que siempre seria solo Nat- se defendió, como si aún fuera el niño mimado de la familia.

Y, como siempre, su cara de ángel y sus ojitos de borrego a punto de ser degollado, lo salvaron de un golpe. Porque Nat dio muchos problemas a todos pero jamás le pusieron una mano encima. Vlad jamás le impuso un castigo, pero siempre lo tenía bajo la raya.

Respirando rápidamente, no porque lo necesitara, sino para calmarse, la vampiresa se incorporó.

-              Siempre serás Nat. Solo que  Nat ¿Tenías que despertarme con tu cara encima y gritando?
-              Mi rostro es precioso…-
-              El de Roxy y Vlad también lo son, pero no andan por la  casa dándome sustos – reprochó ella cuando recupero una postura más digna.
-              Oh, bueno. Lo siento, sí. Pero, Didy es tiempo de hermanos juntos. ¿Sabes adonde podemos ir? ¡Tienes que ayudarme a convencer a Vlad y a Roxy! ¡Sera genial estar en Paris! ¡Allí hay buenos libros para ti y para Roxy… unos vestidos de diseñador! ¡Y yo y Vlad podemos dibujar algunas de sus esculturas! ¡Y hasta tomar helados y cantidades y cantidades de chocolate hasta vomitar!-

Los ojos azules de Nat reflejaban la emoción de un niño pequeño. Y por esa razón, Vlad no quería destruir eso con esa noticia. Le echo el muerto a ella, como siempre.
-              Vlad no…
-              ¡No llevara a las  zorras, eso está claro!- siguió Nat. Odiaba a las novias de su hermano. Según él, su adorado hermano mayor se apartó de la familia por ellas. Y por los Valerius. Y Nat solo quería por un año (como prometieron Roxy y Vlad) tomarse un tiempo para disfrutar de la vida.
-              Vlad no estará dispuesto, Nat- trato de explicar Didyme.
-              Pero…pero…lo prometió. Siempre tenemos nuestro tiempo juntos cada veinte años. ¡Hace más de un año que no lo veo!- berreó, casi creyendo que era solo una broma.
-              Nos citó aquí a los tres porque este año no iremos a ningún lado- informo Didyme, con la voz modulada que usaba para dictar telegramas.

La sonrisa desapareció. Sus ojos dejaron de brillar hasta quedar lagrimosos .Y Nat se sentó en el piso. Y salieron un par de lágrimas de su perfecto rostro de mármol.
Didy lo abrazo y lo alzo del piso. Así eran las cosas. Ya no eran humanos y Nat tendría que acostumbrarse.
-              Yo…yo solo quería que por un corto tiempo, todo fuera igual…- mascullo, mientras se aguantaba las ganas de hacer un berrinche.
-              Yo también. Pero no puede ser. ¿Lo entiendes, Nat? Tú eres un vampiro. Roxy lo es. Y Vlad ya solo es la sombra del hombre que fue…-
-              No, no lo es. Aún recuerdo cuando todo estaba bien. Recuerdo que reía. Que bromeaba a veces. Recuerdo como eras Didy. Eras la alegría del castillo. Sin ti, todo estaba en silencio. Que tú eras su hermana preferida, pero que a Roxy le importaba un cuerno. Y Roxy…joder, Vlad le tenía miedo. Y yo era su hermano preferido- se permitió sentirse así, cuando todo era mejor.
-              Aun lo eres- afirmo ella, mientras, en un intento vano, trataba de sentarlo en su silla de escritorio.

Innecesario en verdad, Nataliel se zafo del brazo de su hermana y la observo con los ojos centellantes de furia ¿Acaso creía que ella era la culpable?
-              ¿Entonces porque no quiere cumplir eso de vacaciones por un año?- investigo.
-              No es eso, Nat. –respondió con cortesía Didyme.Ya estaba acostumbrada a las rabietas de Nat.
“Si le gritas, solo se pondrá peor. Cálmalo o ignóralo hasta que se le pase ; lo que te convenga”

-              Escucha. Tendremos nuestro tiempo junto. Los cuatro. Pero no saldremos de aquí- prometió ella.

“No me hagas golpearte. No me hagas golpearte” su mente divagaba en los métodos de sus hermanos mayores. La violencia no serviría. No en estas peleas familiares, al menos.



Drácula paseaba por las calles del pueblo. Deseaba ver como crecieron los retoños Valerius antes de arrancarlos de raíz. Se dio por regla personal  jamás ponerles un ojo encima de críos. Ver niños que mataría en unos treinta o cuarenta años resultaba demasiado horrible.
Se preguntó si Didyme lo ayudaría en la “empresa”. Cuando ella ataco a esos desgraciados hace ya 345 el miedo a la noche, a los búhos y a su propia sombra corrió en la sangre de los retoños de Valerius el Viejo.
No quiso llamar la atención; así que estaba vestido con una camisa semi ajustada al cuerpo y los pantalones negros. Pesé a todo, algunas jóvenes no le quitaban los ojos de encima.
“Estupidas”

Tomo la decisión de respirar, solo para no llamar la atención. Lo que no esperaba era que algo le llamara la atención ; una fragancia a tierra y sudor.
“Hueles horrible. Date un baño” recordaba decirle eso.
¿Podría ser…?
Corrió, la fragancia se intensificaba, casi le gritaba “¡Estoy aquí!”.
Unas personas bloqueaban su vista directa hacía ella, pero reconocía esos rizos castaños y esa postura, aun cuando hace años que eran solo parte de un buen recuerdo.
La princesa de los gitanos continúo ojeando los libros. Le gustaba leer, solo que no había podido leer ni una página luego de la muerte de su padre. Y cuando su padre estaba con vida, claro. Ese puesto ambulante de libros usados era una bendición. Tal vez se compraría un par y leyera dos líneas cada día. Tal vez terminaría una obra completa antes de dos años esta vez.

-              ¿Disculpe?- una voz con un leve acento rumano la hizo volverse.

Y el mundo de Drácula se detuvo. Era ella. Viva. Tal como la recordaba. Con el rostro de ángel y sus ojos. Si este era un sueño, quería quedarse allí para siempre.
“Anna” se dijo, evitando caer en la tentación de estrecharla entre sus brazos para verificar si era otro sueño en donde la figura de  su amada.

-              ¿Podría… podría decirme donde conseguir un mapa de Transilvania?-
Anna miro al hombre delante de ella. Era un hombre que no sobrepasaba en mucho los treinta años. Y era, por decirlo en pocas palabras, extremadamente atractivo. Su cabello era negro azabache, como la noche que Anna tanto temía y adoraba al mismo tiempo. Sus ojos azules oscuros, brillantes como dos zafiros penetrantes.
-              ¿Es extranjero?- pregunto ella, por primera vez en su vida sintiéndose insegura de sus palabras.
-              Si. Vengo de vacaciones con mis hermanos. Mi nombre es Vlad, señorita…- se inventó una historia en ese mismo segundo. Su voz estaba quebrada, pero firme.
-              Anna. Anna Valerius. Y le recomiendo que se marchen de aquí lo antes posible. Mi pueblo es peligroso-
-              ¿A qué se debe? ¿Hay muchos atracos, incidentes?- eso de su nombre y su apellido completo era como mil baños en agua fría bendita.
-              No. Hay vampiros- informo Anna.
-              Oh. Pues yo y mi familia no creemos en vampiros. Es imposible, científicamente, que un muerto salga de su tumba y empieza a chuparle la sangre a todo el que se le cruce.
-              ¿Usted cree mucho en la ciencia, no?- inquirió Anna. Sus miradas se encontraron y el rostro de Drácula se mostró  por unos segundos, con una expresión de anhelo, alegría y tristeza. Todo junto.
-              ¿Y tú? estas ojeando con mucho interés “La Teoría de las Especies”- añadió, mientras no dejaba de mirarla a los ojos. Curiosamente a la joven los ojos del hombre no le inspiraban indiferencia. Los hombres solían mirarla, tratar de cortejarla o hasta de seducirla. Los ojos de Vlad eran diferentes.
-              Sí, pero no sé de qué trata el libro. Me gusta leer y, por lo general, leía todos los libros de la biblioteca de mi hogar hasta los doce años.
-              ¿Qué tipo de lecturas te gustaban?-
-              Leía mucho romance y tragedias griegas. También novelas de la época medieval- respondió Anna. Nunca fue muy buena en entablar conversaciones triviales en ningún momento de su vida. Por regla general, respondía en modo telegrama.”Si”, “No”, “Quizás”.Y nunca se extendía la conversación a más de dos palabras. Luego se quedaba callada.
-              Yo disfruto de las novelas científicas y no me gusta mucho las novelas de romance. De niño, mi madre me leía cuentos de hadas. Hasta que crecí lo suficiente para saber que el “y vivieron felices por siempre” puede durar toda la vida o dos días- trato de que su voz no temblara cuando dijo esto último. El día que la perdió, lo entendió. Por supuesto que no fueron dos días. Fueron  cuatro hermosos años. Y un año de casados.
-              No me atraen las novelas de romance. En todas ponen a la mujer como una damisela en apuros…- mascullo ella.
-              A mis hermanas tampoco. Son unas defensoras de los derechos de la mujer en ciernes.
-              ¿Cuántas hermanas tiene?- pregunto Anna.
-              Dos. Se dice que entre hermanos no hay preferencias, pero una de ellas es mi favorita y la otra mi dolor de cabeza personal. También tengo un hermano pequeño- dijo Vlad.
-              ¿Y tus padres?-
-              Murieron cuando yo era más joven- respondió.
-              Lo siento- musito Anna.
-              Mi madre murió al darme a luz y mi padre hace un año.
-              Mis condolencias- se sentía como un parasito. Durante veinte años, Anna estaba viva y el, el que había jurado amarla y hacerla feliz toda su vida, le quito todo en esta vida. Maldita sea, sus novias la iban a pagar caro por no avisarle. Eran solo sus amantes, pero también sus creaciones, sus esclavas. Y ellas lo sorprendían observando el retrato de él y Anna, sabían cómo era y en más de una ocasión, miraban el retrato con deseos de quemarlo. Para Drácula ellas eran simples distracciones y herramientas en la batalla, fácilmente reemplazables. Para el Conde, su esposa fue su mundo, su vida. La amo en la vida tanto como en esa no muerte que llevaba.

¿Y ahora? ¿Cómo iba a acercarse a Ana ahora que ya no era el hombre del que ella se había enamorado? No quedaba mucho de su yo humano en él. Vivió esos 400 años para vengar la muerte de su amada, pero ahora, ella estaba viva. Y era miembro de la familia a la cual el lastimo tanto. Los Valerius cazaron a su familia. Acabaron con todo lo que el amo. Con su padre, su madre. Con Ana, con el pequeño bebe de ambos que ella llevaba en su vientre. Acabaron con él.

-              ¡Princesa Anna!- uno de los sirvientes la llamo, con su caballo ensillado, acabando con la charla.
-              ¿Qué pasa, Stefan?- la joven  se volteo.
-              ¡Su tío ha llegado!- anuncio Stefan, mientras le alcanzaba las riendas del caballo.
-              ¿No llegaba en un día más?- se medió quejo la joven. Había algo en Vlad que la atraía. Era una sensación que jamás tuvo con nadie.
-              Lo lamento, Vlad. Tengo que ir... ¿nos volvemos a ver otro día?- pregunto, algo impropio en una joven e impropio en ella misma.
-              Si. Te lo aseguro – prometió Vlad, dándole la mano.

Anna se despidió con la mano y monto con su caballo.

Vlad Dracula sintió paz.La rabia, el odio, el deseo de venganza que solo se multiplicaba cuando veía a los Valerius aun con vida se iban tan rápido…

“Anna Bathory. Anna Valerius” se dijo el vampiro, mientras se alejaba del pueblo, rumbo al bosque. Se fue directo a la casa que había hecho construir para sus hermanos. Y esperaba no encontrarse a Roxy de mal humor. Didy seria siempre su favorita por muchos motivos. Era la única de las dos que nunca le causo a su pobre padre dolores de cabeza. Y era la única que no se quejaba cada vez que se encontraban de “!yo no puedo tomar vacaciones, Vlad!”.

A lo que Drácula respondía.
“¿Y quién crees que arriesgo la vida desde los quince años para que todas las tierras y fortuna de la familia estuvieran a salvo? ¿Y Rumania? ¿Quién la defendía de los turcos, mientras tú vestías vestidos de Paris? ¿Quién a tu  linda carita antes de  ser  devorada por gusanos en pocos años?”

Roxy respondía peor, pero nunca con insultos.

Todos ellos heredaron el carácter fuerte de su madre, Mithai. Bueno, menos Nat. Nat, junto con Didy era su favorito. Por lo general, se portaba bien y nunca daba problemas. Ella era Virreina. Una de ellas. La otra era Roxy. Aunque ella solo lo hacía para compartir el poder en el mundo vampírico. Y para probar a Vlad que ella no era como él. Que ella era perfecta.

Nat era solo un adolescente. Tenía ese aire risueño y adorable, casi como un niño pequeño.

 Corrió cuando estuvo seguro de que nadie lo veía. En un minuto, llego a la cabaña.
Una hermosa, inteligente, astuta y odiosa pellirroja le abrió la puerta. Un rostro orgulloso, mirada altiva y la mirada de arriba abajo con una ceja en alto.
-              Roxy – saludo.
-              Vladislaus. Ven, pasa. Didyme quiere hablarte. Y Nat.Hace veinte años te vestias mejor- comento. Fue entonces cuando un ventarrón negro salió de la otra habitación en dirección a ellos. Un ventarrón llamado Natalie Dragullia, obviamente.
-              ¡Hola, Vlad!- saludo su hermano pequeño. Roxxanne se contuvo de no zarandearlo. Vladislaus lo ilusionaba, el se enfada cinco minutos, se le pasaba como si nada y , la frutilla del pastel, Nat iba como un perrito a recibirlo.

“Demigrante”
-              Hola, Nat. ¿Te estás dando unas vacaciones de la Universidad, o no?- trato de modular su voz. Demasiado vivido en tan solo tres minutos
-              Algo así. Solo será un año.
-              Me pregunto cuando entraras a ayudarme un poco…- fue el despectivo comentario de Roxy, sentándose con elegancia en un sillón rojo.
-              No me gustan los negocios. Tampoco la política. Ustedes tienen la apariencia de adultos. Yo solo aparento ser poco más que un joven, no creo que me tomen en serio- el vampiro se encogió de hombros.
-              Pues, busca un trabajo. ¿No? ¿Cuantas carreras tienes estudiadas ya? ¿O piensas que estos “adultos” te van a mantener por el resto de tu eternidad?- comento Roxy, mientras cruzaba las piernas.
-              Touche, hermana – respondió Nat, sin perder la compostura ante la palabra “trabajo”.

“Ella debería saber que ya trabajo. Replicas, trabajos pequeños, pero trabajo. Cubro mis necesidades con lo que gano, el arte que amo. No soy como tu, Roxy, ostentando todo”
-              Hoy me he enterado de algo muy importante. No habrá más ataques a los Valerius-
Nat se levantó de un salto y Roxy fulmino a su hermana mayor con la mirada.
-              ¿Que no habrá más ataques? ¿Se te olvida lo que le hicieron a nuestros padres? ¿Se te olvida lo que te hicieron a ti? A Ana, a tu hijo…- comenzó a decir Nat, mas cayó cuando observo el rostro de su hermano transfigurado por los recuerdos.
-              Lo juraste el día en que los perdiste. Que no descansarías hasta vengar sus muertes. ¿Y, ahora, que?- acuso Roxy, alzando la voz.Nat busco intervenir y se colocó entre ellos y separándolos con sus manos. No era el más fuerte, pero sí el más rápido. Si lograba detener un primer golpe de Roxy contra Vlad, no habría mas golpes. Ahora , la pelliroja gritaba maldiciones en rumano antiguio.
“Entiendo que ya la haya olvidado a ella y al feto.Despues de todo ¿ como puede seguir amándola si ya esta muerta?Y ese “ bebé” del que hablaban como dos tontos, no era tan “ bebe”. Era solo un feto.Pero la memoria de padre y madre….Es inceptable” .
Los gritos fueron tan altos que Didyme bajo del segundo piso, con el cabello húmedo, y una bata.

-              ¿Que está pasando?- pregunto, mirando a tres pares de ojos azules iguales y distintos.

“No es la primera vez que me tomo un baño y no llego a terminarlo”
-              Hoy vi a Ana. Eso pasa- declaro Vlad, mientras, con esa sola palabra, imponía orden.
-              ¿Qué quieres decir que la viste?- inquirió Roxy, siendo la primera en recuperarse de la noticia.
-              En la calle del pueblo. Viva. Ahora es Anna Valerius- informo Vlad, se sentaba también.No quería sentarse; lo necesitaba .Con una inclinación de su mano, invito a sus hermanos a hacer lo mismo.
-              ¿Estás seguro?- pregunto Didy con tacto .No era la primera vez que Vlad alucinaba con verla viva o muerta. De hecho, esa sería la primera vez en mas de 356 años.
-              Era ella. Tengo solo tres retratos y pasaron 400 años desde que la vi…pero la recuerdo como si fuera ayer- insistió el. No estaba desvariando, no estaba loco. Sus pesadillas eran horribles, Anna muriendo una y otra vez. Aun las tenía y eso aumentaba el rencor, la rabia. Él encuentro de hace media hora no fue una pesadilla, ni un sueño. Sintió su calor mezclarse con su piel fría, devoro su aroma…
-              Obviamente, Vladislaus, después de lo que le hiciste a toda su familia, te vas a ganar su odio de por vida. A menos que te recuerde- largo una risa sarcástica.
Como no, los comentarios de Roxy.

-              ¿Y?- inquirió Vlad, mientras posaba la mirada en cada uno.
-              Bueno. Ana está viva de nuevo. Matas a las zorras, te quedas con ella y…
-              No es tan sencillo, Nat. Ella se enamoró de Vlad, el humano. Yo soy Drácula, el vampiro. ¿Cómo podría ella amarme?-

¿En que momento se odio tanto? No lo recordaba, siempre su odio fue para otros.
-              Según los libros que leí sobre reencarnación, el alma en cuestión recupera recuerdos importantes de su vida pasada. Te recordara, Vlad, no te…- aseguró la morena.
-              Tengo que preocuparme, Didy. Recordará como fui  y no quiero mentirle de lo que soy ahora- Drácula se tapó la cara con las manos. Quería, necesitaba descargar esa rabia, ese odio.
-              Me tengo que ir. Hoy tengo una noche muy entretenida con mis tres novias….-


Mariska espera el regreso de su amo, al igual que Verona. Aleera seguía con dudas acerca del plan de resucitar a sus hijos. Podría salir mal otra vez y su corazón no soportaría otro fallo.

Drácula entro por la puerta y las tres se le lanzaron encima.
-              ¡Amo! ¡No sabe cuánto…-
-              ¿No pensaban nunca decirme que mi esposa estaba viva?- soltó con frialdad, mientras se separaba de ellas. Las tres tragaron saliva. Pensaban que su amo las amaría tarde o temprano. Pero, al descubrir los retratos de esa mujer, ese recuerdo que su amo tenía tan vivo en la memoria, las hacia perder la esperanza. Y, en cuanto vieron a Anna Valerius crecer para convertirse en esa mujer…. Esa mujer que podría quitarles todo, no dudaron en ocultarle a Drácula su presencia. Incluso trataron de matarla y…
-              ¿Qué acaban de pensar, estúpidas?-bramo Drácula, mientras las rodeaba.
-              ¿Que trataron de matar a Ana? ¿Que creyeron que yo la olvidaría?-
-              Amo, ella jamás lo amo como lo hacemos nosotras – dijo Mariska, con la voz temblorosa , mientras pensaba “Él no tiene corazón”
-              No. Ustedes son solo juguetes. Y sí. No tengo corazón. Porque se lo di a mi Ana hace mucho tiempo – se acercó a Mariska y le arranco un brazo. La castaña bramo de dolor.
-              ¡No, amo, por favor, no!- suplicaba la vampira. Pero Drácula tomo su cabeza en sus manos y se la arranco de su cuerpo.
-              Ahora siguen ustedes…- su mirada azul se detuvo en Verona y Aleera.
-              ¿Les digo un secreto que van a llevarse al infierno? ¿Saben porque todos sus hijos conmigo nacieron muertos? Yo no los quería el plan para resucitarlos, me llego directo del Infierno. ¿Que dicen ahora?-

Las dos se quedaron acurrucadas entre sí, llorando.

Drácula esbozo una sonrisa y se dispuso a matarlas.


Anna se levantó cerca de las diez de la mañana. Su tío, jefe de la familia Valerius, se enteró del ataque a Velkan, del cual pudo salir con vida. Dijo que era inaceptable que la línea familiar terminara con ellos. Hablo de que ambos debían empezar un noviazgo con miembros de familias poderosas y que para ello, tendrían que conocer a algunos de ellos en una cena que darían esa noche. Estaban horrorizados, por supuesto. Eso de tener que casarse con un noble estúpido que solo los quería por su fortuna, era de asco. Por lo menos Velkan podría negarse. Anna no. Otra vez, su condición de mujer la relegaba a las decisiones de su tisis uno quería tomarla como esposa, era su fin.

Tratando de tranquilizarse, fue al pueblo, sin desayunar nada.

Ya en la entrada del pueblo, en la fuente, vio a cierto hombre de cabellos negros leyendo, pero que alzo la vista al percatarse de su presencia.

-              ¡Vlad! ¿Cómo estás?- pregunto Anna, sentándose junto a él.
-              Muy bien. Mis hermanos están bien- dijo el, mientras cerraba el libro y ponía toda su atención en Anna. No se veía muy contenta, a pesar de su tono al hablarle.
-              ¿Pasa algo?- pregunto el , mientras la miraba. Con la mirada fija en sus ojos, siempre. Como si temiera que ella pudiera desaparecer en cualquier momento. Se dijo que no estaba loco, que era ella, a pesar de que sus hermanos tuvieran dudas. Para rematar, Didy decidió no ir al pueblo y verificar a la otra parentela de su cordura.
-              No, nada. Hoy ha venido de visita un tío.
-              ¿Es un visitante incomodo, no?-solto.
-              Si, lo es – respondió con sinceridad Anna. Por regla personal, nunca hablaba de mal modo de la poca familia que le quedaba, pero ahora, al estar con Vlad sentía que… que podía contarle todo.
-              Odio a Roxy , la mayoría de las veces. Vive para fastidiar. Y a veces la quiero. No es malo eso. Después de todo, uno no tiene la culpa de los familiares que les toca-
-              ¿Cómo te fastidia?
-              Desde niños competíamos por todo. Es raro, pero cuando yo era pequeño era ser el preferido de nuestro padre. Sacar las mejores notas con los tutores. Era una rivalidad demasiado evidente. Pero sin ella a mi lado, la vida sería aún más aburrida. ¿Con quién me voy a pelear a gritos?-se invento una retocada historia de su pasado. No era malo que se conocieran.
-              ¿Tutores? ¿No fuiste a un Colegio?
-              Mis padres querían darnos la mejor educación posible. Decían que los tutores privados era la mejor forma de que unos niños de nuestra edad se educaran. Tuve un par de amigos, pero esas amistades terminaron cuando nuestros caminos tomaron rumbos separados. ¿Y tú? ¿Tuviste amigos?
-              Unos cuantos de pequeña que me agradaban. Pero jamás amigos. Mi único amigo es mi hermano. Todos saben lo que me espera, así que evitan tomarme cariño.
-              ¿Y, que te espera?- pregunto Vlad, sintiendo su corazón hundiéndose más.
-              Mi padre me decía que no llegaría a los veinticinco años. Que Drácula me matarían; por mi parte, quiero aguantar unos años más. Matar a Drácula esta entre mis planes claro. Ahora tengo 24 años y ya quieren decidir mi futuro por mí-
-              ¿Sabes algo? Hace mucho tiempo, creía que el destino no dependía de nosotros, que solo éramos hilos, peones sin decisión propia. Es al revés, recién me doy cuenta. Nosotros decidimos nuestros futuro, destino o como quieras llamarlo…-
“Y eso es tanto una bendición como una maldición” se dijo Drácula.

Anna ladeo la cabeza. Nunca lo vio así.
-              ¿Qué clases te gustaban más y cuáles detestabas?- inquirió ella, para seguir con la conversación.
-              Aritmética. Esa era mi favorita. Y aprender tres idiomas antes de los trece años fue una tortura.
-              ¿Cuáles?-
-              Inglés, latín y alemán.
-              Mi madre era francesa. Cuando yo era pequeña, mis abuelos y mis tíos venían a visitarnos y hablaban en francés. Allí aprendí lo básico y luego…
-              ¿Luego, que?-
-              Dejaron de visitarnos. Mi padre les prohibió volver a verme a mí o a Velkan- Anna recordó que su padre la odiaba. Pero era su padre, después de todo y debía tenerle respeto.
-              ¿Lo odias?
-              Mucho. Le tenía demasiado miedo y tanto odio… que- ¿ Que carajos acaba de decir?-  Dios me perdone por lo que acabo de decir. No soy una buena hija-
Al decir eso, Anna se tapó la cara con las manos. No tenía ni idea porque a un extraño le contaba secretos que ni ella misma se decía  en voz baja en su habitación.
-              No digas eso, Anna. Nadie tiene la culpa de los padres que le tocaron. Tampoco deben respetarlos si no son dignos del respeto- le explico, con seriedad.
-              No digas eso…- negó Anna, aunque sabía que en el fondo era verdad.
-              ¿Quién te obliga a respetar a alguien que te odia?- siguió Vlad.
-              Los diez mandamientos de Dios. Honra a tu padre y a tu madre- sentencio ella.
-              Dios no escribió todo eso. Solo hombres. ¿Dios existirá? Es algo que solo los que tienen fe comprenden bien. En todo caso, Anna, esas leyes fueron escritas hace siglos, cuando la mujer era poco más que una carga.
-              Y ahora son un objeto.
-              Tu no pareces sentirte así- añadió.
-              No- dijo y sonrió.
-              No siento así- completo. Y su estómago sonó de hambre.

Vlad se rio. Muy leve. Anna lo fulmino con la mirada. ¿Acaso su estómago no podría ser más inoportuno?
-              ¿No desayunaste nada, no? – inquirió, sin dejar de sonreír.
-              Eso no importa.
-              Pues, oyendo a tu estómago, importa mucho. ¿No hay una posada por aquí?
-              Deberías saber ya, según lo que te conté, que este pueblo no es un atractivo turístico…
-              Pero la gente tiene que comer, ¿no?- insistió, mientras se levantaba. Anna rodo los ojos y se caminaron juntos hacia la única posada del pueblo.


La única posada era conocida como eso “Posada”, mas por falta de creatividad para poner un nombre u otra cosa.

Era un lugar poco visitado, generalmente sus clientes eran viajeros, por ello los cuatro huéspedes se sorprendieron al ver a una pareja entrar. Definitivamente, una pareja extraña.

-              Buenos días – dijo Anna al posadero, que ya la conocía.
-              Un desayuno…- dicho esto, se volvió hacia Vlad.
-              ¿Tú ya has desayunado? – inquirió, mientras mirada su pálida tez.
-              Si-  fue su simple respuesta.


Le dieron su orden, que consistía en tocino, huevos y leche. Unas tostadas completaban su desayuno.

-              ¿Y en donde resides?- inquirió la joven, mientras tomaba un sorbo.
-              Budapest fue el hogar de mi familia durante años. Es un lugar precioso. Hay sol todos los días, excepto en Invierno. Entonces, llueve casi tanto como en Londres-
-              Mi familia no se puede mover de aquí. No me incomoda, este es el lugar donde nací, mi hogar. Pero me gustaría ver más lugares – explico.
-              ¿Cómo cuáles?-
-              El mar. Desde niña, he leído historias, novelas. Y dicen que es realmente bello. A veces fantaseo con escaparme aunque sea solo un día de Drácula, de la maldición de mi familia y ver el mar con mis propios ojos. Sentir la arena y nadar en el agua. O al menos meterme en el agua. No sé nadar-
-              ¿La maldición de tu familia? ¿No crees que será…?
-              Es real. Mi tatarabuelo, Valerius el Viejo, juro ante Dios que ningún miembro de nuestra familia descansaría o entraría al Paraíso hasta eliminar a Drácula de nuestras tierras. Toda mi familia está en el Purgatorio.

“Vaya que ese vejete enterró hasta el cuello a sus antepasados el solo “pensó Drácula.

-¿Sabes que las maldiciones más temidas son las gitanas? Son capaces, dicen,  de abarcar a una familia al completo y abocarla a su perdición. Mas algunas son aún más peligrosas y son las de la sangre. Una maldición auto impuesta, carente de magia o superstición, pero igualmente mortífera.


-              ¿Quieres decir que nos autoimponemos esto?
-              No. Quiero decir que los obligan a dar la cara, a cada uno de tus familiares, desde hace cuatro siglos, solo porque tu antepasado no logro eliminar a Dracula. Como yo te he dicho antes, tarde en entender el significado de elegir tu propio destino. Quizás ya sea hora de que tú y tu hermano dejen de ser peones en un juego y escriban su propio camino- Vlad casi alzaba la voz, haciendo más notorio su leve acento rumano.
-              No es tan fácil. Tú no tienes que cargar el peso a tus espaldas de centenares de almas, ni de matar a un moustruo. Tú tienes elección. Yo no la tengo….
-              Todos tenemos una elección. Tarde o temprano te darás cuenta-
Drácula bajo la vista. Nunca Ana, a pesar de conocer su pasado como “El Empalado” le llamo mouostruo. Y sabía que esta vez, se merecía esa palabra venir de su boca.


Anna se vistió sola, como siempre. No comprendía porque otras nobles se dejaban vestir, como si aún fueran bebes indefensos.
Se vio con el vestido pálido verde. Había sido de su madre, pero no pudo sentirse cómoda usándolo. Era la primera vez desde que era una niña que se ponía un vestido. Se sentía tonta usándolo. Y que hablar de los tacones. Dios, tendría suerte si no le saldrían ampollas en los pies.
Bajo a la cena. Su tío era un idiota. Organizando una cena para tratar de casar a ella o a Velkan, mientras Drácula tramaba algo nuevo, peor.

Y todas las miradas de los hombres se clavaron en ella. Ella las ignoro. Hasta que se encontró a cierta mirada azul a un lado de la mesa.
¿Qué hacia Vlad allí? De la misma forma en que los hombres se fijaban en ella, las mujeres lo hacían en Vlad. Sin embargo, no estaba solo. Un adolescente estaba a su derecha. Y una mujer pellirroja a su izquierda. Y, a pesar de las miradas de tantas mujeres elegantes, el sola la miraba a ella, como si fuera la única persona a su alrededor.

Velkan suspiro, se armó de paciencia y salió a la cena. Solo para que una noble le preguntara si podría sentarse junto a él en la cena.
-              No, lo siento…
-              ¡Ovamos!-

Hasta que Didyme llego. Si. Didyme. Pero estaba diferente. Usaba una peluca rubia que ya la hacía parecer un fantasma y cambio su vestido oscuro por uno del color del vino.

La vampiresa en cuestión miro a la noble directo a los ojos.
“Nada de rezongos, mi lady. Ir a la cena. Ya” ordeno. La joven asintió como una tonta. Cuando se alejó, Velkan se rio un poco. Solo un poco.
-              ¿Así es como usas hipnosis?-pregunto, en voz baja. Los poderes de los vampiros siempre le parecieron despreciables, en Didyme no tanto.
La morena esbozo media sonrisa.
-              Si. Si el humano tiene poco poder mental, es más fácil contralarlo-susurro, bastante divertida. Aunque, por un segundo, sintió una sensación… extraña, cuando esa niñata se acercó demasiado a Velkan. Es que las reglas de etiqueta cambiaron tanto que ahora una podría lanzársele encima a alguien? Inaceptable.
-              ¿A qué viniste?- pregunto el, mientras se quedaban en el pasillo.
-              A verte. Me caes bien- respondió.
-              ¿Cómo entraste?-
-              Eso es personal. Nadie más que tú debe saber que yo estoy aquí- advirtió. Si Vlad se enteraba que Velkan ya estaba al tanto de que ella era un vampiro, todo se iría a la reverenda mierda.
-              ¿No puedes hacer lo mismo con las otras? ¿Idiotizarlas más?- pregunto el joven.
-              Si eso quieres, sí. No tengo que leer tu mente para saber que esto de atarte a alguna no te interesa- soltó, mientras se acomodaba los pliegues del vestido.
-              ¿Lees la mente?- inquirió Velkan. Oh, Dios. Si le leyó la mente desde el día en que se reencontraron entonces ya…
-              No tengo por costumbre leer mentes. Sí, es útil. Pero hace doler la cabeza terriblemente- se quejó.

La cena paso sin mayores contratiempos, aunque Velkan miro con escéptico, como su hermana charlaba con un caballero. Y es que Anna jamás charlo con un hombre, a excepción de los sirvientes, con los cuales cruzaba unas cuantas palabras solamente. Sin embargo, ella parecía cómoda hablando con él y hasta disfrutaba de la conversación.

Tal como Didyme prometió, todas las nobles que quisieron acercársele, comenzaban a actuar como tontas. No mucho, la vampiresa era precavida. Un poco estaba bien, demasiado, generaría sospechas.
-              ¿Quieres bailar?- pregunto Drácula a Anna.
-              ¿Bailar? ¿Contigo? Esto consistía en una cena, no en un baile.
-              Si no te lo pido yo, mas caballeros lo harán y con la única excusa de pasar tiempo contigo-
“Y de tocarte “gruño para sus adentros.


Anna lanzo un suspiro.


-              Tienes razón. Vamos- dijo, mientras aceptaba el brazo que él le ofrecia. Vlad la atrajo suavemente hacia el hasta que solo unos centímetros separaban sus cuerpos. Su mano sobre su cadera, la sensación de su sólido y  musculoso hombro bajo su palma izquierda y la firmeza de sus manos unidas hizo que su corazón latiera más fuerte.

Comenzaron a bailar y durante una hora solo se miraron a los ojos. Ambos se sentían como si flotaran. Y durante todo ese tiempo, Anna disfruto de estar entre sus brazos y de observar sus ojos zafiros deseando que ese momento jamás acabara.

Pero, en un momento, tuvo que acabar. Vlad se separó de ella, mientras hablaba de buscarle una bebida, debido a que ella estaba un tanto acalorada.

Y, en cuanto Anna lo vio alejarse, su tío se acercó.

-              Creo que Vlad Bardero sería un excelente partido para ti.
-              Tío, lo siento, pero Vlad es solo un amigo-
-              Puede que tú lo consideres un amigo. Pero ¡está completamente loco por ti! Recuerda lo que te digo. El señor Varderi se está o ya está enamorado de ti.

Vlad llego con una copa de ponche en su mano y se la ofreció a Anna.
-              ¿Y? ¿A qué bailar no es tan difícil como me dijiste hoy a la mañana?- inquirió, mientras tomaba un sorbo de su propio ponche.
-              Sí, es difícil. Tú me llevaste bien, eso es todo- respondió la joven, mientras se preguntaba muy internamente si su tío tendría razón.

Drácula sonrió. Recordaba las respuestas de Ana, su carácter, tan hermosa y diferente. Ahora que la volvía a ver, se juró a si mismo que esta vez nada ni nadie los separaría. Ana Bathory y Anna Valerius. Nombres diferentes, pero la misma persona que el amo.